
Docentes, estudiantes, autoridades, actores y especialistas reflexionaron en torno al impacto en las aulas de la violencia estructural concentrada en algunos territorios. Los expositores advirtieron sobre sus efectos nocivos en las trayectorias académicas y ensayaron posibles respuestas de protección a los entornos educativos.
La Dirección de Derechos Humanos del Consejo Directivo Central (CODICEN) promovió la realización del conversatorio “Otra voz habla: teatro para la convivencia”, que se desarrolló en el Liceo n.° 35 “Instituto Alfredo Vásquez Acevedo”.
El encuentro apuntó a instalar un diálogo, que incorporó la voz artística con el fin de fortalecer el análisis y la percepción de las diferentes problemáticas que atraviesan la cotidianeidad de los centros educativos.
Al comienzo de la jornada, la actriz Natalia Castello propuso una dinámica participativa, que evidenció algunos obstáculos en la comunicación a los que se enfrentan los docentes con frecuencia en el aula.
Castello se preguntó: “¿podemos generar una nueva forma de convivencia? ¿Es posible desarrollar una nueva forma de comunicarnos?”. A continuación, la artista y su grupo teatral, interpretaron una canción cocreada por estudiantes y docentes a partir de su experiencia en una serie de talleres de convivencia, que se realizaron durante un año en el Liceo n.° 33. Una de las frases de la canción expresa en alusión al uso de dispositivos móviles: “Seamos libres no zombies”.

Durante el conversatorio y luego de cada intervención, la actriz hilvanó las exposiciones con representaciones artísticas, resaltando el poder del teatro “como un ensayo de la vida real”.
Los estudiantes y docentes presentes también aportaron experiencias propias y transmitieron sus preocupaciones en torno a la seguridad en los centros educativos principalmente. La moderación del encuentro estuvo a cargo de la periodista Pilar Teijeiro.
La consejera del CODICEN, Carolina Pallas, se preguntó cómo resignificar la autoridad pedagógica en la actualidad y cuestionó su vigencia. “Para mí ya no tiene sentido, ya que implica una asimetría de poder”.
Con respecto a los efectos de la hiperconectividad en las aulas, afirmó que la pedagogía necesita revisar sus procesos de adquisición de conocimiento actuales. “La pedagogía debe cuestionar en forma permanente el proceso de recopilación del saber en estos nuevos entornos digitales, que constituyen a cada sujeto y se constituyen a partir de cada sujeto. La pedagogía necesita repensar sus cuestiones materiales, sociales, culturales y simbólicas”, argumentó.

Sufrimiento escolar
Por su parte, la directora de Derechos Humanos del CODICEN, Nilia Viscardi, centró su exposición en el estudio de diferentes formas de sufrimiento estudiantil al interior de las instituciones educativas.
Viscardi instó a romper con la disociación del problema a abordar con la forma en que es resuelto. “Las instituciones se ven interpeladas por la violencia y la manera en que debemos resolverla y muchas veces ellas añaden otra forma de tensión”, opinó.
En este sentido, aludió al fenómeno de espectacularización de la violencia, cuando “resulta mucho más importante el ruido y la sospecha de la violencia, que la violencia en sí misma”.

“Hablar del sufrimiento escolar es importante para situarlo en el marco de la escucha, del acompañamiento, de la intervención, para evitar que reduzca la culpabilización y la culpa individual, la venganza y la lógica que impide proteger a los que sufren de manera inmediata esta violencia”, reflexionó.
De esta manera indicó que es necesario instaurar una lógica en la que sea posible identificar la diferencia “entre límite y castigo, venganza, que justamente contribuye a reproducir el problema”.
A partir de una investigación que llevó adelante junto a otros académicos, Viscardi identificó dos tipos de sufrimiento habituales en la educación Media: el malestar físico y el hambre. Por ello, dijo, es fundamental continuar invirtiendo en infraestructura y alimentación.
“Para hablar de problemas como la exigencia académica, los juicios de pares, la reproducción del juego de las masculinidades violentas o de las diferentes modalidades de sufrimiento, lo que el teatro permite -y en eso se parece a la docencia- es recomponer el cuerpo, el diálogo y una representación alternativa mediante un mecanismo que no conduce tan solo a una larga explicación o juicio. La representación nos permite vivir el lugar del otro, tiene que ver con la escucha y la empatía”, valoró.

Efectos de la violencia
Por su parte, el sociólogo Gabriel Tenenbaum analizó cómo y en qué dimensiones la violencia comunitaria afecta a la educación. El especialista se refirió principalmente a los efectos de la violencia letal en los entornos educativos, en aquellos territorios en los que se concentra de manera estructural.
En este sentido, hizo énfasis en el impacto decisivo que tiene en las trayectorias escolares habitar en zonas donde se registra una alta tasa de homicidios. Esta realidad condiciona la elección del camino al centro educativo y los horarios de estudio, por ejemplo, ya que “el acto educativo se inicia desde que los estudiantes salen de sus hogares para ir a estudiar”.
Por otro lado, Carmen Rodríguez del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay se refirió a la violencia institucional y se enfocó en la reconstrucción del lazo educativo.
“No hay nada más desorientador que la escena de la violencia. ¿Qué hacemos después de la violencia?”, se preguntó. De este modo, cuestionó el enfoque punitivo desprovisto de otras medidas de contención y recuperación. “Se trata de prácticas que quieren extinguir la violencia sin hacerse ninguna pregunta. Hoy la violencia es un espectáculo y en las instituciones hay que lidiar con la espectacularización de la violencia. Es necesario poner en marcha acciones contra la violencia simbólica”, expresó.

Al cierre, el presidente de la ANEP, Pablo Caggiani, destacó la profundidad del diálogo y alentó el ejercicio de repensar los fenómenos actuales que traspasan las fronteras de los centros educativos.
“Me llevo muchas preguntas. Lo importante es que esta conversación siga girando entre los docentes, porque los humanos pensamos en colectivo. Estamos construyendo a partir de una situación muy compleja en nuestra sociedad. La conversación precede a los cambios”, sostuvo.